Nacida en Madrid, dominica desde 1980, antes fui funcionaria del Ministerio de Agricultura, lo que llamaban Semillas, total analista de laboratorio, de semillas, claro. A la vez estudié Filosofia y Letras(entonces, en la Autónoma de Madrid, especialidad de Historia del Arte. Viajé mochila al hombro en las vacaciones por toda Europa, e incluso llegué a Egipto y Bulgaria, que era algo insólito por los años 70. Salía, estudiaba idiomas.... Traté de hacer la tesina con el entonces director del Museo del Prado, pero el gusanillo de venir a la vida contemplativa ya rondaba. Hice varios cursillos de pintura para restauración, y oposiciones para profesor de Instituto, pero el Señor ganó y soy feliz como monja en Toro desde entonces.
Con ello, he salido ganando pues no he perdido gusto por nada de lo anterior: leer, música, la celta me encanta, el deporte, el fútbol, y todo en general y además el ciento por uno, que es Dios.
sábado, 10 de octubre de 2009
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Hay 3 comentarios
Se hizo un concurso, como uno de tantos, sobre quién tiene los pies más bonitos y perfectos. Sucedió en la ciudad de Chicago, pero podía situarse en cualquiera.Hoy en día estos concursos son atractivos para la mayoría de las personas.Y con un premio también suculento. Se presentaron miles de personas, sus pies eran perfectos, hermosos, sin durezas, cuidados hasta el extremo, los había de todas las razas, de jóvenes, de mayores, de niños, hombres, mujeres...;todos orgullosos de poder mostrar tal belleza. Para ganar el concurso, bastaba enseñar sus pies y que gustansen estéticamente.
Me hizo pensar: ¿cómo serían los pies de Domingo. Hombre itinerante ,que había caminado por su por caminos duros, llenos de polvo, piedras, enrramados y con hierbas.. Seguro que no ganarían ningún premio, estarian deteriorados, golpeados, ensangrentados en ocasiones, con lesiones ... y muy cansados, quizás hinchados, seguro que no limpios, y con durezas y callos; encallecidos por ser predicador itinerante. Sin embargo sus pies han llevado a los hombres la Buena Nueva, el Evangelio. Le han permitido llegar a lugares difíciles -el corazón humano- para anunciar a tiempo y a destiempo el Evangelio. Han sido los que, aún cansados, "caminaban" junto con los hermanos, para darles valor.Se pararían a escuchar a las personas, y darles toda su comprensión y compasión.¿Recordamos acaso los "callos" de Santo Domingo, los dedos golpeados de su pies y las plantas doloridas? No, hoy en día no ganarían ningún premio, pero son los pies perfectos, son los -pies hermosos del Mensajero- ¿Nosotros cómo tenemos los pies? Somos sus hijos , a pesar de los zapatos, nuestro corazón ¿sabe caminar y ser caminante?. Que lo importante en la vida no sea cuidar nuestros pies para ganar un concurso.