Los dominicos seremos eficaces en nuestro ministerio cuando la palabra muerta y sepultada en los libros reviva en nuestros labios y en nuestra propia vida
Henri Lacordaire
Blog de: Sor María Dolores Pérez Mesuno

ABORTO

domingo, 29 de marzo de 2009 | Hay 1 comentarios

 

Cardenal Martini: Tomado de ATRIO

Quiero compartir con vosotros esta parte de un artículo del cardenal Martini, del año 2006.

"Éste es un asunto muy doloroso y que causa gran sufrimiento. Ciertamente hay que hacer cuanto sea posible y razonable para defender y salvar cada vida humana. Pero esto no quita que se pueda y se deba reflexionar sobre las situaciones muy complejas y diversas que pueden surgir, Buscando en cada cosa lo que mejor y más concretamente sirva para proteger y promover la vida humana. Pero es importante reconocer que la prosecución de la vida humana física no es, en sí mismo, el primer y absoluto principio. Por encima de él está el de la dignidad humana, una dignidad que en la visión cristiana y la de muchas otras religiones implica una apertura a la vida eterna que Dios promete al hombre. Podemos decir que aquí radica la dignidad definitiva de la persona. Incluso quien no comparta esta fe puede comprender la importancia de este fundamento para los creyentes y la necesidad de tener razones profundas para apoyar siempre y en todas partes la dignidad de la persona humana.

Las razones de fondo de los cristianos se encuentran en las palabras de Jesús, que afirmaba que “la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido” (cf. Mateo 6, 25), pero exhortaba a no tener miedo de “los que matan el cuerpo, pero no tienen el poder de matar el alma” (cf. Mateo 10, 28). La vida humana debe respetarse y defenderse, pero no es el valor supremo y absoluto. En el evangelio según Juan, Jesús proclama: “Yo soy la resurrección y la vida: quien cree en mí, incluso si muere, vivirá” (Juan 6, 25). Y San Pablo añade: “Mantengo que los sufrimientos del momento presente no se pueden comparar con la gloria futura que se deberá revelar en nosotros” (Romanos 8, 18). Así que hay una dignidad de la existencia que no se limita a la sola vida física, sino que tiene que ver con la vida eterna.

Eso supuesto, me parece que incluso en un tema doloroso como el del aborto (que, como usted dice, siempre representa un fracaso) es difícil que un estado moderno no intervenga al menos para impedir una situación salvaje y arbitraria. Y me parece que, en situaciones como las nuestras, sería difícil que el estado no planteara una distinción entre actos punibles por ley y actos que no es conveniente castigar por ley. Esto no quiere decir en absoluto “licencia para matar”, sino que el estado prefiere no intervenir en todos los casos posibles, pero se esfuerza por reducir el número de abortos, en impedirlos con todos los medios posibles, especialmente después de un cierto tiempo desde el principio del embarazo, y se compromete a que disminuyan tanto como sea posible las causas del aborto y a exigir precauciones para que la mujer que decida no obstante llevar a cabo este acto, no punible penalmente en circunstancias concretas, no resulte herida gravemente hasta arriesgar la vida. Esto sucede en particular, como usted recuerda, en el caso de abortos clandestinos, y por lo tanto, en resumidas cuentas, es positivo que la ley haya contribuido a reducirlos y tienda a eliminarlos.

Me hago cargo de que en Italia, con la existencia del Servicio Sanitario Nacional, esto implica una cierta cooperación en el aborto por parte de las estructuras públicas. Veo toda la dificultad moral de esta situación, pero yo no sabría actualmente qué sugerir, porque cualquier solución que se quisiera buscar implicaría probablemente aspectos negativos. Por esta razón, el aborto es siempre algo dramático, que no puede ser considerado en manera alguna como un remedio para la superpoblación, como me parece que sucede en ciertos países.

Naturalmente yo no pretendo incluir en este juicio las situaciones límite, muy dolorosas y quizás también raras, pero que se pueden presentar de hecho, en las que un feto amenaza gravemente la vida de la madre. En estos y en otros casos semejantes, me parece que la teología moral desde siempre ha apoyado el principio de la legítima defensa y del mal menor, aunque se trate de una realidad que demuestra la naturaleza dramática y frágil de la condición humana. Por esto la Iglesia ha proclamado también como heroica y ejemplarmente evangélica la conducta de algunas mujeres que han escogido evitar cualquier daño a la nueva vida que llevaban en sus vientres, aun a costa de pagarlo con su propia vida.

Pero no puedo aplicar este principio de la defensa legítima y/o del mal menor a otros casos extremos que usted antes ha planteado, ni puedo acogerme al principio de la “conscientia perplexa”, que no entiendo bien qué significa. Me parece que aún en los casos en los en que una mujer no pueda, para varias razones, cuidar de su niño, no deben faltar otras personas o instituciones que se ofrezcan para criarlo y cuidarlo. Pero en todo caso, sostengo que se debe respetar a toda persona que, quizás tras mucha reflexión y sufrimiento, en estos casos extremos sigue su propia conciencia, incluso si se decide a hacer algo que yo no estoy en condiciones de aprobar."



En un día cualquiera

jueves, 19 de marzo de 2009 | Hay 0 comentarios

Para una mirada de mujer contemplativa y en claustro es difícil hablar, decir algo  del mundo actual, de esta sociedad que de puro dinámica llega ser una vorágine. Ni que decir tiene  que nada me da sentido de “vida”, solo Dios Pero un Dios no hecho a nuestra manera y como queramos, sino el Dios que nos habla a través de Cristo a cada uno de nosotros en el Cuerpo que todos formamos con El. No es pura teoría, ni las bonitas  palabras de siempre, sino que  cada noticia que me llega, me acuerdo de las palabras “Bienaventurados..”; y resulta que es como el que oye llover.

 Nuestro tiempo ( parece el peor de todos porque lo estamos pasando); pero las crisis son de siempre, las ha habido y las habrá. ¿Valores en nuestro mundo? No lo sé, sólo sé que no hay nada nuevo bajo el sol, quizás ahora todo es más encarnizado, nos vamos haciendo mayores, somos más críticos, pero sí es cierto  que NO CONFÍAMOS EN DIOS, para nada. Cada cual quiere las cosas a su modo y manera. ¡Vaya una Cuaresma!¡vaya una preparación! Y Jesús sigue sin decir nada, sin echarnos nada en cara  absolutamente nada: solo hay un plan de vida, son  sus obras, es  su compasión, compresión y su GRACIA. Nuestro Padre Santo Domingo tenía una fijación de joven , ¿cómo estudiar en pieles muertas si las vivas se estaban muriendo? Ahora se muere con tanta facilidad…, la vida ya no tiene ningún sentido: o no dejamos nacer o matamos alegremente en nombre de –no se qué-para y por nada. También decía Sto Domingo ¿qué será de los pobres pecadores?.

 NO soy capaz, yo la primera, de compadecerme así, de vivir así, de entregarme así. Si lo fuera el testimonio nuestro sería arrollador. Si en mi contemplación, en ese silencio para que El  me llene, no soy capaz de transmitir lo contemplado, debo examinar qué me va faltando  y fallando: ¿el Amor Primero, el que me ha sellado y llenado? Quiero volver a sentir todo aquello que un día me encandiló para poder transmitir, con las obras, que existe la fraternidad, el servicio, la comunidad. Compasión, misericordia y amor…. Todo lo demás me sobra.”Bienaventurados seremos entonces.La Vida estará en nosotros, con nosotros y para nosotros.

 



DESIERTO- SEDUCCIÓN

lunes, 09 de marzo de 2009 | Hay 1 comentarios

 desierto

Cuando  se conoce fisicamente el desierto como es mi caso,y precisamente el que atravesaron los israelitas, te das cuenta de la SOLEDAD y la SED de DIOS que tienes, es una sed que no se colma con agua (cuanto más bebías más sed tenías). Es Estar con la luz del horizonte, con el calor del sol y el frío de la noche, en diálogo con Dios y con tu propia vida, cuando piensas realmente en la CONVERSIÓN.

NO hay nada, pero encuentras todo, silencio, paz, brisa, Espírirtu...

 La vida diaria, que no puede uno dejar de tener, esa sí que está llena de alimañas: lucha de mentalidades y contra elementos adversos, sometida a imposiciones, rodeada de guerras, violencias, muerte, inhospitalidad. No la que encuentras en los pueblos nómadas con sus elegantes "haifas". 

Luz que penetras hasta el fondo del Alma, divina luz, ¡enriquécenos!.

En pleno desierto me llegó la conversión. Se hizo realidad cuando ya en "tierra firme"recordé las palabras: "ME AMASTE  SEÑOR Y ME DEJÉ AMAR. FUÍ POR TI SEDUCIDA". (Fue lo que oí ...Y, VINE, VI Y PERMANECÍ).



Marcas

domingo, 01 de marzo de 2009 | Hay 1 comentarios

Marcas son las que llevamos todos en la ropa, por ejemplo. Es lo que distingue de los demás: la marca. Se lleva desenfadadamente como si fuese la cosa más normal del mundo, pero ¡“ay del que no lleve  marca!”, sobre todo si es joven.

Conocemos, marcas de ropa, de coches, de muebles, de pinturas, y de veinte mil cosas más. Todos vamos marcados.

 ¿Pero nos concienciamos que estamos marcados de verdad?

Sí, desde que nacemos es el Amor de Dios quien nos marca; nos hace capaces de amar; al bautizarnos, nos hace SUS HIJOS; nos entrega en la Eucaristía todo su AMOR; y el ESPÍRITU está inseparablemente en nosotros; tanto, que su Reino está dentro  de cada uno. Esto parece que no nos alegra, no saltamos de alegría con está BUENA NUEVA. Seguimos sus pasos, y dialogamos con Él en Oración, pero no nos terminamos de dejar marcar. ¿Miedo? Una cosa se nos pide: entrar en el corazón, en el silencio, de lo contrario no vamos a “nacer”. Así es como se nos transfigurará el interior, con el silencio que nos hace vaciarnos de nosotros y dejar que Él siga viviendo.

 Quizás pensemos que no tenemos tiempo: ¡el mundo está tan estructurado! Pero en el interior no cuenta el tiempo, ni la edad, vamos a Él de “noche, y de puntillas” pasamos a Él de fuera  adentro despacito. “Lo que mata, dice le sabio, no es el AMOR sino el DES_AMOR. El silencio es el lugar de alumbramiento para la transformación en el AMOR: esa MARCA, con la que debemos morir, y permanecer toda la vida. Podremos con la marca vivir en el Espíritu aquí y ahora.