Nacida en Madrid, dominica desde 1980, antes fui funcionaria del Ministerio de Agricultura, lo que llamaban Semillas, total analista de laboratorio, de semillas, claro. A la vez estudié Filosofia y Letras(entonces, en la Autónoma de Madrid, especialidad de Historia del Arte. Viajé mochila al hombro en las vacaciones por toda Europa, e incluso llegué a Egipto y Bulgaria, que era algo insólito por los años 70. Salía, estudiaba idiomas.... Traté de hacer la tesina con el entonces director del Museo del Prado, pero el gusanillo de venir a la vida contemplativa ya rondaba. Hice varios cursillos de pintura para restauración, y oposiciones para profesor de Instituto, pero el Señor ganó y soy feliz como monja en Toro desde entonces.
Con ello, he salido ganando pues no he perdido gusto por nada de lo anterior: leer, música, la celta me encanta, el deporte, el fútbol, y todo en general y además el ciento por uno, que es Dios.
domingo, 01 de marzo de 2009
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Marcas son las que llevamos todos en la ropa, por ejemplo. Es lo que distingue de los demás: la marca. Se lleva desenfadadamente como si fuese la cosa más normal del mundo, pero ¡“ay del que no lleve marca!”, sobre todo si es joven.
Conocemos, marcas de ropa, de coches, de muebles, de pinturas, y de veinte mil cosas más. Todos vamos marcados.
¿Pero nos concienciamos que estamos marcados de verdad?
Sí, desde que nacemos es el Amor de Dios quien nos marca; nos hace capaces de amar; al bautizarnos, nos hace SUS HIJOS; nos entrega en la Eucaristía todo su AMOR; y el ESPÍRITU está inseparablemente en nosotros; tanto, que su Reino está dentro de cada uno. Esto parece que no nos alegra, no saltamos de alegría con está BUENA NUEVA. Seguimos sus pasos, y dialogamos con Él en Oración, pero no nos terminamos de dejar marcar. ¿Miedo? Una cosa se nos pide: entrar en el corazón, en el silencio, de lo contrario no vamos a “nacer”. Así es como se nos transfigurará el interior, con el silencio que nos hace vaciarnos de nosotros y dejar que Él siga viviendo.
Quizás pensemos que no tenemos tiempo: ¡el mundo está tan estructurado! Pero en el interior no cuenta el tiempo, ni la edad, vamos a Él de “noche, y de puntillas” pasamos a Él de fuera adentro despacito. “Lo que mata, dice le sabio, no es el AMOR sino el DES_AMOR. El silencio es el lugar de alumbramiento para la transformación en el AMOR: esa MARCA, con la que debemos morir, y permanecer toda la vida. Podremos con la marca vivir en el Espíritu aquí y ahora.