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Blog Con otros ojos

Sor María Dolores Pérez Mesuro

de Sor María Dolores Pérez Mesuro
Sobre el autor


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24
Jun
2018
Silenciosa y sugerente
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Podría empezar este post de muchas maneras, sin embrago solo diré:

Tu palabra me da vida.

En el rezo diario, en la oración meditada y en los momentos del día a día, veo cada vez más el gran abismo de la Palabra con las palabras que nos llegan de las noticias.

Tocan y se va en un rápido <chasquido de dedos>

Repite, repite, repite. Escucha, escucha, escucha.

Deja que Dios te golpee delicadamente con su Palabra y modele tus sentimientos y tus acciones, tu mirada y tu esperanza.

Acercarte a la Palabra de Dios despacio, como un ciego que comienza a leer en ‘Braille’.

Ir poco a poco, por pequeños fragmentos.

Tocarla despacio, sentir su hondura, entrar en su profundidad.

  • Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros (2 Cor 13, 1)
  • Enséñame tu camino para que siga en tu verdad; mantén mi corazón entero en el temor de tu nombre (Sal 86, 11)
  • Dejad de denigraos unos a otros, hermanos. Uno solo es el legislador y el juez, el que puede salvar y destruir. ¿Quién eres tú para juzgar al prójimo? (Sant 4, 11-12)
  • Si hay entre los tuyos un pobre, en tu ciudad, en esa tierra que te dará el Señor, tu Dios, no endurezcas tu corazón. Abre la mano y préstale a la medida de su necesidad (Dt 15, 7-8)
  • Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, todo lo que es virtud, tenedlo en cuenta, y Dios estará con vosotros (Flp 4, 8)
  • No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición (1Pe 3, 9)
  • No seamos presumidos, provocándonos y envidiándonos mutuamente. Arrimad todos el hombro a las cargas de los otros, que con eso cumpliréis la ley de Cristo (Gal 5, 26; 6, 2)
  • Esto es lo que el Señor desea de ti: que defiendas la justicia, ames la honestidad y camines con humildad (Mi 6, 8)
  • Defiéndeme, Señor, de los que tienen la mentira en su boca y no les importa jurar en falso (Sal 144, 11)

Bueno después de estos versículos que ofrezco tímidamente como ejemplos, creo que ahora comprendo: “Estamos en el mundo sin ser de él” .No te bloquees , con los Ojos de Dios se observa el mundo mucho mejor.

<<<Todo lo que se parece a la realidad es pura coincidencia>>>.

 

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6
Abr
2018
El manantial de la resurrección
1 comentarios

   Todos estamos habitados en el fondo más recóndito de nuestro ser por una presencia de Vida que al brotar nos crea, nos alienta y nos abre de continuo a la esperanza.
Sin embargo, a partir de un determinado momento, dejamos de creer que es así, dejamos de ser esos niños que se fían de su permanente fluir de la vida.
Olvidamos lo más profundo de nuestro ser y nos volcamos hacia lo que tenemos a mano, lo que pareceríamos poder dominar como si en ello estuviese el manantial que los golpes y la oscuridad de la vida nos ha ocultado.
Por eso vivimos desesperados pues nos agarramos a lo caduco como si de ello pudiéramos sacar el agua de la vida.
Almacenamos así desesperación y contaminamos nuestro corazón, con un egoísmo que intenta succionar la realidad para vivir, sin nunca conseguirlo.
La resurrección de Cristo vuelve a dar a nuestros ojos la mirada de los niños, sin ser infantiles, sin negar la realidad de muerte y oscuridad, si es que queremos mirar y ver, ver y creer.
Jesús resucitado nos muestra cómo su cuerpo, que pereció en una cruz, fue transfigurado por este Manantial paternal que nunca se agota.
No le hizo falta creer en la resurrección, le bastaba creer en este Padre eternamente dador de vida que le habitaba. Confiando en Él sus ojos podían ver los brotes de eternidad en el mundo de los lirios caducos y los pájaros mortales, en la moneda insignificante de una viuda generosa, en la atención de un samaritano a un desconocido…
 

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15
Mar
2018
Las monjas lloramos también
2 comentarios

¿Se puede ver la grandeza de Dios en la creación cuando nuestros ojos están cegados por el dolor?
Cuando nos dijeron la noticia de la desaparición del niño del Armería y su muerte ha hecho que estuviésemos pendientes de ello, día tras día hemos tenido presente al niño en nuestra oración a él, a sus padres, a la familia, y poco a poco hemos ido conociendo (en nuestro caso, ya que no vemos las noticas todos los días) detalles de su vida.
Al enterarnos de su muerte, hemos ofrecido tanto dolor al Señor, pero… nos ha hecho llorar su madre.
Madre que en sus rasgos hay tristeza pero limpios de venganza o rencor (Bienaventurados los limpios de corazón).
Si la cara es el espejo del alma, la de esta esta madre es de una generosidad sin límites.
Cómo acaricia la pena de otros que llegaban a ella, cómo consuela a su exmarido y sobre todo las palabras sencillas que han salido de su boca, han hecho que las monjas lloren; las monjas lloramos también.
Las monjas lloran con los que lloran, oramos para poder reír con los que ríen y para que nuestro corazón, sólo porque “conocemos a Dios”, se nos vuelva como el de la madre limpio,  que barramos el mal que no hace más que generar otro mal y sólo oigamos, sintamos y veamos la bondad de las personas.
Nadie está obligado a creer, como tampoco a amar y, sin embargo, son la fe y el amor las únicas realidades que nos ayudan a vivir con esperanza en este “valle de lágrimas”.

 

 

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