Nacida en Madrid, dominica desde 1980, antes fui funcionaria del Ministerio de Agricultura, lo que llamaban Semillas, total analista de laboratorio, de semillas, claro. A la vez estudié Filosofia y Letras(entonces, en la Autónoma de Madrid, especialidad de Historia del Arte. Viajé mochila al hombro en las vacaciones por toda Europa, e incluso llegué a Egipto y Bulgaria, que era algo insólito por los años 70. Salía, estudiaba idiomas.... Traté de hacer la tesina con el entonces director del Museo del Prado, pero el gusanillo de venir a la vida contemplativa ya rondaba. Hice varios cursillos de pintura para restauración, y oposiciones para profesor de Instituto, pero el Señor ganó y soy feliz como monja en Toro desde entonces.
Con ello, he salido ganando pues no he perdido gusto por nada de lo anterior: leer, música, la celta me encanta, el deporte, el fútbol, y todo en general y además el ciento por uno, que es Dios.
lunes, 09 de marzo de 2009
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Cuando se conoce fisicamente el desierto como es mi caso,y precisamente el que atravesaron los israelitas, te das cuenta de la SOLEDAD y la SED de DIOS que tienes, es una sed que no se colma con agua (cuanto más bebías más sed tenías). Es Estar con la luz del horizonte, con el calor del sol y el frío de la noche, en diálogo con Dios y con tu propia vida, cuando piensas realmente en la CONVERSIÓN.
NO hay nada, pero encuentras todo, silencio, paz, brisa, Espírirtu...
La vida diaria, que no puede uno dejar de tener, esa sí que está llena de alimañas: lucha de mentalidades y contra elementos adversos, sometida a imposiciones, rodeada de guerras, violencias, muerte, inhospitalidad. No la que encuentras en los pueblos nómadas con sus elegantes "haifas".
Luz que penetras hasta el fondo del Alma, divina luz, ¡enriquécenos!.
En pleno desierto me llegó la conversión. Se hizo realidad cuando ya en "tierra firme"recordé las palabras: "ME AMASTE SEÑOR Y ME DEJÉ AMAR. FUÍ POR TI SEDUCIDA". (Fue lo que oí ...Y, VINE, VI Y PERMANECÍ).